sábado, 20 de noviembre de 2010

EJEMPLO DE RECTITUD, INTEGRIDAD Y JUSTICIA

El espectáculo era apasionante, al extremo de ser morboso. Unas cincuenta personas lo contemplaban ávidamente. Se trataba de una joven de dieciséis años de edad, de la ciudad Ho Chi Min, en la antigua Saigón. Ella intentaba suicidarse, arrojándose de un alto puente al río que corría abajo. Las cincuenta personas, sin corazón, le gritaban: «¡Tírate! ¡Tírate!» Y en un momento dado, la adolescente, en efecto, se lanzó al agua.

Nueve personas corrieron al borde del puente para verla caer al agua. El peso acumulado rompió el frágil puente, y las nueve cayeron al abismo. Pero, cosa curiosa, la joven suicida se salvó, pues lograron rescatarla, mientras que los nueve mórbidos curiosos perecieron en las aguas.

A la gente como que le gusta los espectáculos morbosos, truculentos, dramáticos, trágicos; especialmente el espectáculo que dan los presuntos suicidas. Los espectadores no acuden necesariamente para mostrarles cariño y aconsejarles que conserven la vida. Al contrario, ansiosos de sangre y de desgracia ajena, gritan: «¡Tírate! ¡Tírate!»

Dicen que cuando se junta una multitud, el nivel intelectual de la gente desciende al del más bruto. Lo mismo pasa con el sentido moral. Éste también baja de grado conforme aumenta el monto de gente congregada.

«Las multitudes —concluyó Goethe— oyen mejor los gritos que las razones.» Cuanta más gente se reúne en un lugar para vociferar y gritar, más baja el nivel de humanidad, y más sube el nivel de inhumanidad.

¿Será por eso que nuestros jóvenes caen tan fácilmente en la desgracia de la inmoralidad y el materialismo? «Todos lo hacen», es la excusa que ofrecen, y siguiendo el rumbo del montón, se reducen al nivel del menor común denominador.

¿Dónde está el joven recto? ¿Dónde está el líder íntegro? ¿Por qué tiene que ser el perverso, el injurioso, el malo, el que atrae la atención?

Dios ha creado a todo joven como un individuo. Cada uno es un ser único. No hay nada en el mundo entero que lo obligue a ser como los demás. Es un individuo en el sentido más estricto de la palabra. Más vale que no deshonre su individualidad, ni sacrifique su decencia, ni se rebaje al nivel del montón, sino que sea el líder sano, recto y fuerte que este mundo tanto necesita.

Jesucristo establece el dechado para nuestra vida. Él se atrevió a ser diferente de todos los demás, dando ejemplo de rectitud, integridad y justicia. Sigamos su ejemplo. Ser recto en toda causa es mil veces más grato que recibir el aplauso del montón. Atrevámonos a ser personas dignas de confianza.

sábado, 30 de octubre de 2010

El líder perfecto


Si queremos lograr el éxito, he aquí nuestro molde. Todas esas ennoblecedoras,
perfectas y hermosas cualidades de la madurez, de la
fortaleza y del valor se pueden encontrar en esta misma persona.
Tal vez lo más importante que les puedo decir en cuanto a Jesucristo,
más allá de todo lo que les he dicho, es que El vive. En verdad, encierra
todas esas virtudes y atributos de que nos hablan las Escrituras.
Si pudiéramos llegar a una convicción en cuanto a ello, llegaríamos a la
esencia de la realidad del hombre y del universo. Si no aceptamos esa
verdad y esa realidad, entonces no contaremos con los principios inalterables o las verdades trascendentales mediante
las cuales vivir en felicidad y en servicio.
En otras palabras, nos resultará muy difícil llegar a ser líderes productivos a menos que reconozcamos la realidad de
ese líder perfecto, Jesucristo, y le permitamos ser la luz que alumbre nuestro camino.

Nuestro potencial

Una de las grandes enseñanzas del Hombre de Galilea, el Señor Jesucristo, fue que todos nosotros llevamos dentro
inmensas posibilidades. Al instarnos a ser perfectos como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto, Jesús no
nos sobrestimó ni tampoco pretendió reírse de nosotros.
Simplemente nos hizo saber una poderosa verdad tocante a nuestras posibilidades y a nuestro potencial. Se trata de
una verdad tal vez demasiado impactante como para tan siquiera considerar. Jesús, quien no podía mentir, buscó la
forma de ampliar nuestro panorama de posibilidades en nuestro camino hacia la perfección.
Nosotros no somos perfectos como lo fue Jesús, pero a menos que aquellos que nos rodean puedan percibir nuestros
esfuerzos y nuestro progreso, jamás estarán en condiciones de encontrar en nosotros el ejemplo y nos verán como
personas carentes de seriedad en todo lo que debemos hacer.
El ser humano tiene más posibilidades de hacer el bien y de ser bueno que las que en realidad utiliza. Estas oportunidades
nos rodean por todas partes. A pesar de lo amplio que sea en estos momentos nuestro círculo de influencia, si
mejoráramos nuestra actuación apenas un poco, ese círculo se ampliaría e incluiría en él a quienes en estos momentos
todavía están afuera. Muchas son las personas que aguardan que les extendamos una mano y les amemos, lo cual
podremos lograr si tenemos en ellas el interés que nos haga mejorar nuestra actuación.
Debemos recordar que esos seres mortales con quienes nos encontramos en la calle, en las oficinas, en los ascensores
y en otros lugares son también parte de la humanidad que Dios nos ha dado para que amáramos y sirviéramos.
Poco nos beneficiaría hablar de esa hermandad de la humanidad, si no podemos aceptar a todos los que nos rodean
como nuestros hermanos y hermanas. Si nuestra muestra de humanismo nos resulta poco llamativa o muy pequeña,
debemos recordar la parábola que nos dio el Señor en la nos recuerda
que la grandeza no siempre está relacionada con el tamaño de una
cosa, sino que con la calidad con que ésta se hace. Si empleamos bien
nuestros talentos y las oportunidades que nos rodean, no pasará inadvertido
para Dios. Y a aquellos que obran bien con las oportunidades
que se les dan, les serán ofrecidas aún más.
Las escrituras están repletas de ejemplos de líderes quienes, contrariamente
a Jesús, no eran perfectos, pero sí fueron sumamente eficaces.
Estos ejemplos podrían ayudarnos enormemente si los leyéramos
a menudo. Hay veces que olvidamos que las Escrituras nos ofrecen
siglos de experiencia en liderazgo, y lo que resulta más importante, nos
brindan los principios inalterables sobre los cuales de operar el liderazgo
real a fin de que surta un efecto positivo. Dichas escrituras son el
manual de instrucciones para el futuro líder.

Grandes líderes seculares

Aquellas personas a quienes tanto admiramos y respetamos como líderes de la familia humana han sido así puesto en
un pedestal precisamente porque en muchas formas representan las cualidades que Jesús demostró en su condición
de líder.
Contrariamente, aquellos líderes que a lo largo de la historia han resultado más nefastos para la humanidad, así lo fueron
debido precisamente al carecer casi por completo de las cualidades exhibidas por el Hombre de Galilea. Es posible
que no todos nosotros podamos llegar a ser el ejemplo perfecto de liderazgo, pero sí podemos realizar un esfuerzo
honesto por acercarnos a tan grande ideal.

Administración del tiempo

El Salvador también nos enseñó cuán importante es saber hacer
uso del tiempo. Esto no significa que no debe haber nunca
tiempo para recreación, ya que debe haber también un período
para contemplar y renovarse, pero jamás debe haber tiempo
para simplemente perderlo. La administración de nuestro tiempo
es asunto de suma importancia, puesto que éste es el ingrediente
del que está compuesta la vida y es una de las pocas
La delegación
El liderazgo abnegado
Administración del tiempo
La responsabilidad

cosas que nunca pueden ser reprocesadas.

La responsabilidad

Jesús nos enseñó que no solamente somos responsables por
nuestras acciones sino también por nuestros pensamientos.
Debemos recordar esto siempre. El buen líder tendrá presente
que es responsable ante Dios así como ante quienes nos dirige.
Al demandar responsabilidad de sí mismo, estará en mucha
mejor posición de asegurarse de que otros también sean responsables
de su conducta y actuación. La gente por lo general
prefiere actuar dentro de los confines que le son trazados por
sus líderes.

La delegación

Jesús sabía cómo dar participación a sus discípulos en el proceso de la vida. Les dio cosas importantes y concretas
para que ellos hicieran a fin de lograr su propio desarrollo. Jesús confía en quienes le siguen al punto de compartir su
obra con ellos a fin de que así se desarrollen. En este ejemplo está encerrada una de las más maravillosas muestras de
su liderazgo. Si hacemos a un lado a otras personas con el propósito de cumplir una tarea más rápida y eficazmente, es
posible que lo logremos, pero aquellos a quienes dirigimos no obtendrán progreso, lo cual es sumamente importante.
Sabiendo Jesús que esta vida tiene un gran propósito y que hemos sido puestos en este planeta para actuar y desarrollarnos,
ese progreso se transforma en uno de los grandes fines de la vida así como en un medio para lograr ese
fin. Podemos proporcionar información a fin de corregir lo que otras personas pueden estar haciendo mal, y hacerlo de
una forma amorosa y abnegada.
Un líder capaz no tendrá temor de demandar de aquellos a quienes dirige. Jesús era poseedor de tal cualidad. Tuvo el
valor de llamar a Pedro y a otros de sus discípulos pidiéndoles que dejaran su profesión de pescadores y le siguieran,
no después de terminada la temporada de pesca ni inmediatamente después del próximo pez que pescaran, sino en
ese mismo momento, sin esperas. Jesús les hizo saber a sus seguidores que El creía en ellos y en sus posibilidades, lo
cual le permitía ayudarles a mejorar la condición de sus almas por medio de sus logros. Jesús creía en sus seguidores,
no sólo por lo que ellos eran sino por lo que tenían el potencial de llegar a ser.
Jesús confió a la gente verdades y tareas que estaban en proporción a la capacidad que estas personas tenían. No
les abrumó con cosas más complicadas de lo que ellas podrían hacer, sino que les dio lo suficiente para que pudieran
progresar interiormente. El estaba interesado en los aspectos básicos de la naturaleza humana y en producir cambios
perdurables en vez de simples cambios superficiales o de hacerles hacer cosas por salvar las apariencias.